
El campo mira una ventana de rentabilidad y recomienda cubrir precios de la próxima cosecha
RedacciónLa nueva campaña de granos gruesos en la Argentina comienza con un escenario que, de acuerdo con estimaciones privadas del sector, presenta condiciones favorables para el negocio agrícola. La combinación de precios firmes para los principales cultivos y costos de insumos en niveles considerados viables abrió una ventana de rentabilidad que los productores deberán evaluar a la hora de definir su estrategia comercial.
Las estimaciones difundidas durante una jornada de capacitación y análisis económico ubican los márgenes de rentabilidad de la soja y el maíz entre el 30% y el 35% en dólares, según explicó Matías Amorosi, gerente general de AZ-Group.
El análisis fue presentado durante un webinar ante operadores e inversores del sector agropecuario. Uno de los principales puntos destacados fue la relación existente entre el precio de los granos y el costo de los insumos necesarios para producirlos.
Actualmente, la soja a cosecha se ubica alrededor de los US$360 por tonelada, un nivel señalado como superior al promedio registrado durante el último trienio. En el caso del maíz, las cotizaciones se encuentran entre US$207 y US$208 por tonelada, unos US$20 por encima de los valores del mes anterior.
El momento para definir la estrategia comercial
En este contexto, Amorosi planteó que las relaciones de canje entre fertilizantes, fitosanitarios y otros insumos y el valor esperado de los granos presentan un equilibrio favorable para el productor.
A partir de esa lectura, la recomendación expuesta durante la jornada fue avanzar en herramientas destinadas a fijar o cubrir precios futuros, en lugar de mantener toda la producción expuesta a las variaciones del mercado.
La lógica detrás de esta estrategia es proteger los márgenes que ofrecen las cotizaciones actuales. En mercados agrícolas sujetos a una elevada volatilidad, los valores considerados atractivos pueden modificarse a partir de factores que exceden las decisiones de los productores.
Por eso, el planteo de los analistas apunta a utilizar las herramientas comerciales disponibles para otorgarle mayor previsibilidad al resultado económico de la campaña.
Geopolítica: un mercado condicionado por los conflictos
La evolución de los precios internacionales de los granos también está vinculada con factores externos. Entre las variables señaladas durante el análisis aparecen las tensiones geopolíticas y los conflictos bélicos, que pueden alterar las rutas comerciales, incrementar los costos logísticos y modificar los flujos internacionales de mercaderías.
En ese marco, Amorosi mencionó las consecuencias que generan las tensiones entre Estados Unidos e Irán, particularmente sobre el tránsito marítimo, los costos de los fletes y el abastecimiento de fertilizantes y granos.
A ese escenario se suma la continuidad de la guerra entre Rusia y Ucrania, con impactos sobre la circulación de mercaderías en la región del Mar Negro.
Los ataques registrados sobre puertos, infraestructura y buques mercantes vinculados con el transporte de alimentos incrementaron, según el análisis presentado, los riesgos asociados a la navegación y llevaron a compradores internacionales a buscar orígenes alternativos.
Ese movimiento puede generar episodios de mayor volatilidad y ejercer presión sobre las cotizaciones internacionales de los principales productos agrícolas.
El factor climático también entra en juego
La otra gran variable que condiciona las perspectivas de la campaña es el clima.
El escenario asociado a la transición hacia El Niño presenta características diferentes para los principales países productores de Sudamérica.
Para la Argentina, el fenómeno suele estar relacionado con una mayor disponibilidad de precipitaciones, una condición que puede resultar favorable para la implantación de los cultivos de gruesa. Sin embargo, también requiere atención durante la etapa final de los cultivos de invierno.
Un exceso de humedad durante la primavera puede generar lavado de nutrientes en el trigo, dificultades durante la cosecha y pérdida de calidad comercial.
El comportamiento climático previsto también podría tener consecuencias diferentes en Brasil, donde un escenario de precipitaciones deficitarias en las regiones productoras del centro y norte podría afectar el volumen de la cosecha de soja.
Brasil es el principal exportador mundial de soja, por lo que una eventual reducción de su producción tendría impacto sobre la disponibilidad internacional y podría sumar presión sobre los precios.
Una ventana que los productores deberán evaluar
Con un mercado atravesado por factores geopolíticos y climáticos que pueden modificar rápidamente las cotizaciones, los especialistas plantean la conveniencia de no depender exclusivamente de una eventual suba futura.
La estrategia sugerida durante el análisis consiste en aprovechar los valores que actualmente permiten proyectar márgenes atractivos y utilizar coberturas para proteger parte de la rentabilidad esperada.
El desafío para los productores será encontrar el equilibrio entre asegurar una parte del resultado económico de la campaña y mantener capacidad de participación ante eventuales movimientos favorables del mercado.
La recomendación de los especialistas puede resumirse en una premisa: no apostar exclusivamente a encontrar el precio máximo y consolidar, cuando las condiciones resultan favorables, una rentabilidad que permita darle mayor previsibilidad al negocio agrícola.


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