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La ciencia reconstruye el Neuquén perdido bajo las piedras de El Sauce

Investigadores del CONICET y de las universidades nacionales del Comahue, Río Negro y La Plata estudian los troncos fósiles del Parque Paleontológico Provincial “Bosque Petrificado de El Sauce”. Los primeros análisis identificaron coníferas de la familia de las araucariáceas, el mismo grupo al que pertenece el pehuén. Los fósiles podrían aportar información sobre el clima, las lluvias, la vegetación y los ecosistemas que existieron en la región durante el Cretácico Inferior.
ActualidadRedacciónRedacción

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Entre las bardas de la Región Limay, donde actualmente predomina el paisaje árido de la estepa neuquina, la tierra conserva las evidencias de un escenario radicalmente diferente. Allí, enormes troncos petrificados permanecen como testigos de un pasado que se remonta a más de 100 millones de años, cuando la Patagonia tenía otros paisajes, otro clima y una biodiversidad dominada por especies que hoy sólo pueden conocerse a través del registro fósil.

Ese patrimonio natural es ahora objeto de una investigación científica que puede aportar nuevas piezas para reconstruir la historia ambiental de Neuquén.

Un equipo multidisciplinario integrado por especialistas del CONICET y de las universidades nacionales del Comahue (UNCo), Río Negro (UNRN) y La Plata (UNLP) presentó los primeros resultados preliminares de los estudios realizados sobre los leños fósiles del Parque Paleontológico Provincial “Bosque Petrificado de El Sauce”, ubicado en cercanías de Picún Leufú.

Y el primer dato es significativo: los troncos corresponden a coníferas de la familia de las araucariáceas, el mismo grupo botánico al que pertenece el actual pehuén neuquino.

🌲 Un vínculo entre el bosque prehistórico y el pehuén actual

La identificación de estas antiguas araucariáceas permite establecer una conexión entre los bosques que existieron en esta región durante la era de los dinosaurios y una especie que, millones de años después, se convertiría en uno de los grandes símbolos naturales de Neuquén.

Pero la importancia del hallazgo va mucho más allá de la identificación de una familia vegetal.

La madera fósil funciona como un archivo natural capaz de conservar información sobre las condiciones ambientales en las que crecieron aquellos árboles.

Para acceder a esa información, los investigadores utilizaron una técnica conocida como “láminas delgadas”. Mediante sierras diamantadas se obtienen pequeñas secciones de los troncos que posteriormente son preparadas para su observación microscópica.

El procedimiento permite estudiar la estructura celular de la madera y analizar características que no son visibles a simple vista.

Uno de los elementos de mayor interés son los anillos de crecimiento, cuya presencia y características pueden aportar indicios sobre las condiciones climáticas que atravesaron los árboles durante su desarrollo.

🔬 Los anillos de crecimiento, una huella del clima antiguo

El Dr. Leandro Martínez, del Museo Histórico Regional de Villa La Angostura, explicó que la marcada presencia de anillos de crecimiento puede constituir una evidencia relevante para interpretar las condiciones ambientales del período estudiado.

Los primeros análisis plantean la posibilidad de que aquellos bosques se hayan desarrollado bajo estaciones climáticas diferenciadas y un régimen de precipitaciones considerablemente más abundante que el actual.

Se trata, por ahora, de una interpretación preliminar que deberá ser profundizada mediante nuevos estudios, pero que abre una línea de investigación de enorme valor para comprender la evolución ambiental de la Patagonia.

El contraste con el paisaje contemporáneo resulta notable.

Donde hoy se extiende una región caracterizada por la aridez, durante el Cretácico Inferior existieron ambientes capaces de sostener extensos bosques y una biodiversidad completamente diferente.

🦕 El escenario donde vivieron los dinosaurios

Reconstruir la vegetación no es un dato aislado. También permite aproximarse a las condiciones en las que se desarrollaban los animales que habitaban la región.

Los científicos buscan determinar qué tipo de ecosistema existía alrededor de estos antiguos bosques y cómo se relacionaba con la fauna de la época.

Entre los grandes habitantes de aquel territorio se encontraban los saurópodos, dinosaurios de enormes dimensiones cuya alimentación pudo estar vinculada con la vegetación disponible en estos ambientes.

El Dr. Flavio Bellardini señaló que todavía será necesario ampliar los relevamientos y profundizar los análisis, pero destacó que los primeros resultados ya comienzan a aportar información sobre la composición de la flora y las condiciones ambientales que caracterizaron la región.

Así, los troncos de El Sauce dejan de ser únicamente una curiosidad paleontológica para convertirse en una herramienta científica destinada a reconstruir la evolución de los ecosistemas patagónicos.

🧭 Una investigación que lleva años de trabajo de campo

Detrás de estos resultados existe además un proceso de investigación que se viene desarrollando desde hace varios años.

Uno de los protagonistas es el geólogo Alberto Garrido, investigador vinculado con la Universidad Nacional del Comahue, quien desde 2021 desarrolla tareas de relevamiento geológico, exploración y soporte técnico-científico en el área de Picún Leufú.

Su trabajo comprende recorridas por los afloramientos, análisis de los distintos estratos rocosos, mediciones y reconstrucciones destinadas a determinar las condiciones geológicas que hicieron posible la formación y posterior preservación de los fósiles.

Cada campaña implica recorrer kilómetros de bardas y afloramientos.

Pero la investigación no termina en el terreno. Después comienza otra etapa en los espacios de estudio y laboratorio, donde las muestras y los datos son comparados, procesados e interpretados.

El levantamiento estratigráfico constituye una herramienta central porque permite establecer la relación entre las capas de roca y los fósiles contenidos en ellas, aproximarse a su antigüedad y reconstruir las transformaciones paleoambientales que atravesó el territorio durante millones de años.

🏛️ Ciencia y patrimonio: El Sauce busca abrirse al turismo

La investigación científica avanza en paralelo con otro desafío: transformar el valor paleontológico del lugar en una herramienta de conservación, educación y desarrollo turístico sustentable.

La Secretaría de Cultura de Neuquén trabaja junto con la Comisión de Fomento de El Sauce en la puesta en valor del Parque Paleontológico Provincial.

Actualmente, el área cuenta con guardias y guías certificados que recibieron capacitación específica relacionada con el turismo y el patrimonio paleontológico.

La intención es que los nuevos conocimientos obtenidos por la ciencia puedan incorporarse progresivamente al relato que reciben quienes visitan el lugar, tanto en el Museo Municipal “Hermosilla” como durante las visitas guiadas al parque.

El proceso de puesta en valor comenzó en 2014, con el objetivo de convertir este patrimonio en una propuesta de turismo local, permanente y sustentable.

🌎 Un museo natural a cielo abierto

El Bosque Petrificado de El Sauce tiene una particularidad que trasciende el atractivo visual de sus enormes troncos.

Cada fósil contiene información sobre un mundo que desapareció hace millones de años.

Los estudios científicos permiten transformar esas piezas de roca en datos sobre la evolución del clima, las plantas, los ambientes y las formas de vida que alguna vez ocuparon este territorio.

La investigación todavía está en una etapa inicial y los especialistas advierten que serán necesarios nuevos trabajos de campo, exploraciones y análisis para completar el panorama.

Sin embargo, las primeras conclusiones ya permiten reconstruir una imagen sorprendente: un antiguo Neuquén con bosques de araucarias, mayor disponibilidad de agua, estaciones diferenciadas y grandes dinosaurios desplazándose entre una vegetación que hoy sólo sobrevive en el registro fósil.

Los troncos petrificados de El Sauce son, por eso, mucho más que restos de árboles transformados en piedra.

Son archivos naturales de la Patagonia profunda.

Y en las mismas bardas donde hoy domina el silencio de la estepa, la ciencia está empezando a descifrar las señales de un Neuquén que existió hace más de 100 millones de años.

FUENTE: UNCO

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