Tenía 20 años y volaba desde los 17: quién era Nathalia Gadelha, la copiloto del avión que cayó en Florida


La tragedia aérea ocurrida este domingo en Florida comenzó a revelar las historias de quienes viajaban a bordo del Learjet 60 que se estrelló durante un vuelo entre Texas y Bahamas. Una de ellas era Nathalia Gadelha Filgueiras, la joven copiloto de apenas 20 años cuya vida había estado vinculada a la aviación desde la adolescencia.
Su familia confirmó que Nathalia formaba parte de la tripulación del avión que había partido desde Austin-Bergstrom International Airport, en Texas, con destino a North Eleuthera, Bahamas. Las nueve personas que viajaban en la aeronave murieron en el accidente.
La joven había conseguido su licencia de piloto privado a los 17 años, cuando todavía estudiaba en la West Boca Raton Community High School.
Su historia ya había llamado la atención de medios locales en 2023 por una particularidad: podía pilotear un avión antes de tener licencia para conducir un automóvil.
“La gente me dice: ‘No podés manejar’, y yo les digo: ‘Sí, pero puedo volar’”, había contado entonces con humor.
Su capacitación fue apoyada por la Academia de Aviación del Distrito Escolar de Palm Beach, programa que permitió financiar su formación mientras cursaba la secundaria.

De estudiante secundaria a copiloto de un Learjet
Nathalia había comenzado su preparación aeronáutica en 2020 y luego continuó capacitándose en American Flyers, una reconocida escuela de vuelo con presencia en Florida.
Según información aportada por su familia al New York Post, en los últimos meses trabajaba como piloto comercial y había acumulado alrededor de 1.300 horas de vuelo. Associated Press informó además que contaba con habilitación para operar el Learjet involucrado en el accidente, aunque no estaba habilitada para comandar ese vuelo como capitana.
Su aspiración era continuar sumando experiencia y avanzar profesionalmente dentro de la aviación.
La pasión por volar también tenía un componente familiar. Su padre practicaba aviación recreativa y había acompañado sus primeros pasos en una actividad que Nathalia transformó rápidamente en una profesión.
Los últimos minutos del vuelo
Antes del accidente, la tripulación había informado a los controladores sobre hielo en la aeronave, turbulencia y precipitaciones.
La situación se deterioró rápidamente y desde la cabina se declaró una emergencia mientras el Learjet perdía altura a una velocidad extrema.
Registros del control aéreo reflejan reportes de descensos de 10.000 y posteriormente 20.000 pies por minuto, antes de que se perdiera contacto con la aeronave.
Algunos medios atribuyeron parte de esas comunicaciones a Nathalia. Sin embargo, la investigación oficial todavía está reconstruyendo las funciones y acciones de cada tripulante durante los segundos previos al impacto.
El avión terminó estrellándose en una zona residencial de Palm Beach County, provocando una explosión y un amplio despliegue de emergencia.
Nueve muertos y una investigación que recién comienza
La National Transportation Safety Board (NTSB) abrió formalmente una investigación bajo el expediente ERA27MA026.
El organismo confirmó que el avión era un Learjet 60 operado por Aurora Aviation, bajo la marca Upper Jet, y que desapareció del radar y perdió comunicación mientras se dirigía hacia Bahamas.
Los investigadores también comenzaron a analizar restos encontrados alejados del punto principal del impacto, ante la posibilidad de que alguna parte de la aeronave se haya separado durante el descenso. Esa hipótesis todavía se encuentra bajo investigación y no permite determinar por sí sola qué provocó el accidente.
El Learjet transportaba dos tripulantes y siete pasajeros.
Las autoridades continúan trabajando sobre los restos del avión, los registros de vuelo, las comunicaciones con los controladores y las condiciones meteorológicas.

Una carrera que había comenzado demasiado temprano para terminar tan pronto
La historia de Nathalia Gadelha Filgueiras tomó dimensión pública después de la tragedia por la velocidad con la que había construido su trayectoria aeronáutica.
A los 17 años ya tenía licencia de piloto. A los 20 estaba sentada en la cabina de un jet ejecutivo y acumulaba experiencia con la aspiración de continuar creciendo dentro de la aviación profesional.
Su edad y su recorrido no explican el accidente ni permiten establecer responsabilidades. Esa tarea corresponde ahora a los investigadores de la NTSB. Pero su historia muestra a una joven que había convertido desde muy temprano una vocación por los aviones en una profesión y que murió mientras hacía aquello para lo que se había preparado desde la adolescencia.
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