
Hay decisiones políticas que no se explican: se delatan.
Y el aumento salarial del 80% que el intendente Luis Madueño y los concejales de Junín de los Andes se otorgaron a sí mismos es una de ellas.
Mientras el discurso público repite palabras como austeridad, responsabilidad y cuidado de los recursos, la práctica muestra otra cosa: la política cuidándose a sí misma, incluso cuando la Provincia hace exactamente lo contrario.
El dato no es menor ni aislado. En Neuquén, el gobernador Rolando Figueroa construyó parte central de su legitimidad en una promesa concreta: terminar con los privilegios del poder. Reducción de la planta política, devolución de celulares oficiales, baja de alquileres, revisión de contratos, control del gasto. Ajuste hacia adentro para poder invertir hacia afuera.
Junín de los Andes decidió ir por el carril opuesto.
El doble discurso como práctica
El aumento se aprobó por unanimidad, en silencio, en vísperas de las fiestas. No se lo llamó aumento, claro: se lo bautizó “recomposición”. Porque en política, muchas veces, cambiar el nombre es el primer intento de ocultar el contenido.
Pero los números no mienten
- Sueldos de más de 6 millones de pesos para el intendente,
- Más de 5 millones para el viceintendente
- Casi 4 millones para concejales y funcionarios
Todo en un contexto donde la mayoría de las obras que se exhiben fueron financiadas por la Provincia. Es decir: el municipio se aumenta los salarios mientras el esfuerzo lo hace otro.
La señal que se envía
El problema no es sólo económico. Es político y simbólico.
Porque cuando la dirigencia se sube el sueldo en medio de un ajuste generalizado, el mensaje es claro: el sacrificio es para otros.
Por eso el enojo en el Gobierno provincial no fue disimulado. Hubo llamados. Hubo reproches. Hubo una frase que se repite: “La prioridad son las obras para la comunidad”. No los haberes de la planta política.
¿Marcha atrás o desgaste?
Los rumores de una posible reversión del aumento circulan. Sería un gesto razonable. Pero incluso si ocurre, el daño ya está hecho: el doble discurso quedó expuesto.
Esta columna no se trata sólo de Junín de los Andes.
Se trata de una pregunta más grande, que atraviesa a toda la política argentina:
¿La austeridad es una convicción o sólo un eslogan de campaña?
Porque cuando el poder se ajusta el cinturón… pero sólo hacia afuera, la credibilidad también entra en déficit.







