
"Lo que fue ya está perdido": Gabriel Rolón cuestiona la idealización del pasado y las promesas de felicidad inmediata
Redacción
El profesional relativizó las fórmulas estandarizadas de bienestar instantáneo y advirtió sobre el sesgo cognitivo que mantiene a los individuos atrapados entre el anhelo melancólico y la expectativa futura.
Desde la perspectiva del especialista, el conflicto psíquico surge al depositar el bienestar de manera exclusiva en vivencias pretéritas o en proyecciones hipotéticas, desdibujando la vivencia del presente.
"A veces uno desea más haber sido feliz que ser feliz. Desea más ser feliz más adelante, alcanzar la felicidad, que ser feliz ahora donde está", ratificó el especialista Gabriel Rolón.
La edificación del recuerdo y la idealización afectiva
En su análisis sobre la dinámica de la memoria, Gabriel Rolón explicó que las vivencias experimentan un proceso de reconfiguración o "edición emocional" con el transcurso del tiempo. Mediante esta operación psíquica, la memoria tiende a reconstruir episodios y figuras de forma matizada o embellecida para atenuar el impacto de la pérdida.
"El recuerdo es un lugar muy particular y enigmático, porque es el lugar donde guardamos las cosas que hemos perdido para que no se las lleve la muerte para siempre. Terminamos transformando a nuestros padres que ya no están en personas por ahí más nobles incluso de lo que fueron, más generosas, más fuertes, más sensibles", profundizó Gabriel Rolón.
Bajo esa misma línea analítica, el autor comparó la memoria con un proceso de retoque digital o "photoshop" afectivo, mediante el cual la infancia suele ser resignificada desde la nostalgia como un territorio exento de conflicto y progresivamente idealizado.
Aceptación de la pérdida y la premisa sartreana
El psicoanalista remarcó que el reconocimiento de la felicidad pasada no debe derivar en un anclaje permanente en el ayer. En ese sentido, alertó sobre la ineficiencia psíquica de destinar recursos emocionales a la edificación retroactiva de un bienestar extinto en lugar de orientar la acción hacia el presente.
"A lo mejor muchos momentos pasados fueron felices. Pero justamente fueron. Y lo que fue ya está perdido. Claro que importa, si en definitiva es lo que soy", aseveró Gabriel Rolón, al tiempo que inscribió su postura en la célebre máxima del filósofo Jean-Paul Sartre: "Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros".
La delimitación de la plenitud en el presente
Finalmente, Gabriel Rolón concluyó que, si bien las experiencias pretéritas —como los descubrimientos de la infancia, las vivencias familiares o los primeros hitos académicos— constituyen los cimientos de la identidad, la posibilidad concreta del goce y la plenitud únicamente se ejecuta en el tiempo presente. Aceptar la finitud del pasado es, según la visión del especialista, la condición indispensable para no desaprovechar la experiencia vital en el aquí y ahora.


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