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El Niño eleva la alerta en Argentina: advierten por lluvias intensas, crecidas e inundaciones

La Organización Meteorológica Mundial proyecta una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una categoría fuerte. Especialistas advierten que el impacto no será uniforme en todo el país y señalan al Litoral como una de las zonas de mayor exposición. También podrían registrarse consecuencias en el centro y norte argentino, la Pampa Húmeda y la región cordillerana.
Clima26/08/2026 11:47RedacciónRedacción

La Argentina se prepara para un escenario climático que podría incrementar el riesgo de precipitaciones intensas, crecidas de los principales ríos y anegamientos. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) estimó en más de un 90% la probabilidad de que el fenómeno El Niño alcance una categoría fuerte, una perspectiva que vuelve a colocar el foco sobre la capacidad del país para anticipar y gestionar eventos meteorológicos extremos.

El fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) constituye una de las principales fuentes de variabilidad climática interanual. Se origina en modificaciones de la temperatura del océano Pacífico ecuatorial que, a través de su interacción con la atmósfera, pueden alterar los patrones de circulación a escala global.

La fase cálida del fenómeno, conocida como El Niño, puede favorecer condiciones más húmedas en determinadas regiones, aunque sus efectos dependen de múltiples factores y no se manifiestan de la misma manera en todos los episodios.

La presidenta del Centro Argentino de Meteorólogos, Carla Gulizia, puso el foco en un escenario que trasciende este fenómeno puntual.

“Los eventos extremos cada vez son más frecuentes y más intensos”.

Qué puede provocar El Niño

El calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial modifica la interacción entre el océano y la atmósfera y puede generar cambios en los patrones de circulación.

El resultado es diferente según la región: mientras algunas áreas pueden recibir mayores precipitaciones, otras pueden atravesar condiciones más secas, con un eventual incremento del riesgo de incendios.

En el caso argentino, el escenario asociado con El Niño se vincula especialmente con mayores probabilidades de precipitaciones y excesos hídricos, lo que puede traducirse en inundaciones, anegamientos y crecidas de grandes ríos.

“En condiciones más húmedas, como ocurre en nuestro caso con el fenómeno El Niño, también tenemos riesgo de inundaciones y de crecidas de los grandes ríos”.

La especialista remarcó que no se trata de un fenómeno exclusivamente atmosférico: las variaciones del océano Pacífico generan respuestas en la circulación atmosférica y terminan repercutiendo sobre regiones ubicadas a miles de kilómetros de distancia.

El Litoral, entre las regiones con mayor exposición

Dentro del territorio argentino, una de las áreas que concentra mayores riesgos es el Litoral, particularmente por su vinculación con la cuenca del Plata.

Las mayores precipitaciones pueden incrementar el riesgo de crecidas de los ríos Paraná, Uruguay, Paraguay e Iguazú, con posibles consecuencias sobre poblaciones, infraestructura, producción y actividades económicas asentadas en las zonas ribereñas.

El impacto, sin embargo, no se limita al Litoral.

La especialista señaló también al centro y norte del país como regiones donde pueden observarse señales vinculadas con el fenómeno, aunque con menor intensidad que en el área litoraleña.

En la Pampa Húmeda, el exceso de precipitaciones puede tener consecuencias particularmente importantes para el sector agropecuario. Los anegamientos y la acumulación de agua en períodos de lluvias intensas pueden afectar caminos rurales, cultivos y actividades productivas.

En Cuyo y la cordillera, un escenario diferente

La respuesta climática en Cuyo presenta características diferentes respecto del centro y el este del país.

En la zona de los Andes centrales, los episodios de El Niño pueden asociarse con un incremento de las nevadas. A primera vista, se trata de un efecto favorable en términos de disponibilidad hídrica, pero también tiene consecuencias posteriores.

Las precipitaciones de invierno en la región cordillerana contribuyen a determinar los caudales durante el verano. Por ese motivo, una mayor acumulación de nieve puede traducirse posteriormente en mayores aportes de agua a los ríos, con implicancias para el abastecimiento y las actividades productivas.

La ciencia avanzó, pero los fenómenos no son idénticos

La capacidad de anticipar los efectos de El Niño mejoró considerablemente durante los últimos años.

Según Gulizia, uno de los principales avances se produjo en el desarrollo de modelos numéricos de mayor resolución, capaces de representar con mayor precisión la dinámica de la atmósfera y el océano.

También aumentó el conocimiento sobre una cuestión central: no todos los episodios de El Niño son iguales.

La diversidad espacial de los eventos y la interacción con otros fenómenos de variabilidad climática permiten explicar por qué dos episodios pueden generar impactos diferentes aun cuando ambos sean identificados como El Niño.

Otro salto tecnológico estuvo relacionado con los modelos acoplados de océano y atmósfera, que permiten analizar de manera dinámica la interacción entre ambos sistemas.

El verdadero desafío está después del pronóstico

Para la especialista, contar con un pronóstico preciso es solamente una parte de la respuesta. El desafío central consiste en conseguir que esa información llegue de manera eficaz a quienes deben tomar decisiones.

Gulizia señaló la importancia de fortalecer la comunicación entre las autoridades oficiales, las defensas civiles y los organismos que intervienen en el territorio.

“El sistema de alerta temprana es fundamental”.

En ese esquema, destacó el rol del Servicio Meteorológico Nacional, como autoridad oficial para la emisión de alertas y avisos de corto plazo.

La información debe recorrer una cadena que comienza con los organismos científicos y meteorológicos y llega hasta las autoridades locales y la población expuesta.

Una alerta que no llega a tiempo, que no se comprende o que no activa un protocolo de respuesta pierde buena parte de su capacidad preventiva.

Cambio climático: un factor que agrava el escenario

La especialista vinculó además el posible impacto de El Niño con un contexto climático de mayor frecuencia e intensidad de eventos extremos.

“En condiciones donde los eventos extremos cada vez son más frecuentes y más intensos, en el contexto del cambio climático, y sumado a condiciones de El Niño que tienen mayor probabilidad de generar precipitaciones intensas, hay que fortalecer los recursos humanos, la infraestructura, la tecnología y la coordinación entre las distintas instituciones”.

La advertencia coloca el debate más allá de un episodio climático determinado. La preparación ante inundaciones, crecidas y precipitaciones extremas requiere planificación sostenida y no solamente respuestas de emergencia una vez producido el fenómeno.

El fortalecimiento de los sistemas de alerta, la infraestructura, la tecnología, los recursos humanos y la coordinación institucional aparecen como componentes centrales para reducir los daños potenciales.

El mapa de riesgos que deja El Niño

El escenario previsto obliga a observar el territorio de manera diferenciada:

  • Litoral: mayor exposición a precipitaciones y crecidas de los ríos de la cuenca del Plata.
  • Centro y norte argentino: posibles impactos vinculados con cambios en los patrones de precipitación.
  • Pampa Húmeda: riesgo de anegamientos y consecuencias sobre la actividad agropecuaria.
  • Cuyo: comportamiento climático diferenciado respecto del este y centro del país.
  • Andes centrales: posibilidad de mayores nevadas y posteriores incrementos de caudales durante el verano.

La eventual llegada de un El Niño fuerte no permite anticipar por sí sola la magnitud exacta de cada evento meteorológico. Pero sí constituye una señal que, combinada con otros factores atmosféricos y con las condiciones particulares de cada región, obliga a reforzar la preparación preventiva.

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