
Mutisia: 24 de agosto, Neuquén celebra su flor
RedacciónHay símbolos que representan a un territorio por su paisaje. Otros lo hacen por su historia. Y algunos logran reunir ambas dimensiones.
La Mutisia, con sus intensos pétalos anaranjados y su particular forma de trepar y abrazarse a los árboles, es uno de ellos.
El 24 de agosto de 2004, mediante la Ley Provincial 2465, la especie fue declarada oficialmente Flor Provincial del Neuquén, en reconocimiento a su presencia en el territorio y al valor que adquirió como parte de la identidad natural y cultural neuquina.
Para el pueblo mapuche es conocida como Quiñilhue, mientras que científicamente se la identifica como Mutisia decurrens, una de las especies de este género que puede encontrarse en distintos ambientes de la provincia.
Su color naranja intenso permite reconocerla entre la vegetación autóctona y la convierte en una presencia característica de diferentes paisajes y espacios turísticos neuquinos.
Pero la Mutisia no solamente se observa.
También se cuenta.
Y detrás de esta flor existe una antigua leyenda que la vincula con una historia de amor, enfrentamientos entre comunidades y una transformación que convirtió el lugar de una tragedia en símbolo de unión.
🌺 La leyenda de la Mutisia
La historia se remonta a tiempos antiguos, en las proximidades del volcán Lanín, donde dos tribus mantenían una enemistad profunda.
El enfrentamiento entre ambas comunidades se había convertido en una tradición de odio y guerras que parecía no tener final.
Pero en medio de ese conflicto surgió una historia que desafiaba las reglas impuestas por los adultos.
El hijo de uno de los caciques se enamoró de la hija del cacique enemigo.
Los jóvenes correspondían a tribus enfrentadas y, por esa razón, no podían encontrarse libremente. El amor que los unía debía mantenerse oculto ante el rechazo de sus familias.
Hasta que una noche decidieron escapar juntos.
El presagio del pun triuque
Durante un nguillatún, mientras la machi permanecía junto al rehue, un sonido quebró el silencio de la noche.
Era el pun triuque, el chimango de la noche.
Para la machi, su grito era una señal de mal augurio.
Al observar cuidadosamente descubrió aquello que el presagio parecía anunciar: la hija del cacique escapaba junto al hijo del enemigo.
La machi interpretó la fuga como un hecho que debía ser comunicado y, antes de hacerlo, consultó con el pillán, la deidad de su devoción.
La respuesta fue afirmativa.
Entonces corrió hasta el toldo del cacique y le informó lo sucedido.
Poco después, el grito del pun triuque volvió a escucharse.
El cacique, enfurecido, ordenó perseguir a los jóvenes.
No tardaron en encontrarlos.
El amor convertido en condena
Los enamorados fueron llevados ante la comunidad y sometidos a juicio.
Su delito no era haber cometido una agresión ni haber provocado una guerra.
Su falta era haberse enamorado del hijo o la hija del enemigo.
El odio heredado entre las dos tribus pesó más que el amor de los jóvenes y ambos fueron condenados a muerte.
Cuenta la leyenda que el pun triuque volvió a emitir su grito, esta vez de manera afligida.
Pero nadie escuchó.
Los jóvenes fueron atados a un poste y ejecutados ante la mirada de la comunidad.
La violencia terminó con sus vidas, pero, según la leyenda, no consiguió terminar con su historia de amor.
🌺 Donde hubo muerte, nació la Mutisia
A la mañana siguiente ocurrió algo que dejó sorprendidos a quienes habían participado de la ejecución.
En el mismo lugar donde los jóvenes habían sido asesinados habían nacido unas flores desconocidas hasta entonces, de hermosos pétalos anaranjados.
Los primeros en descubrirlas las llamaron:
“¡Quiñilhue!”
Desde entonces, la flor fue asociada con aquella pareja.
Su forma de enredarse y trepar por los árboles evocaba, según la tradición, el abrazo de los dos jóvenes que habían decidido permanecer juntos pese al odio que separaba a sus familias.
Con el tiempo, los integrantes de la comunidad comenzaron a venerarla, arrepentidos por la tragedia cometida.
Para los pueblos originarios fue Quiñilhue.
Para los españoles y criollos, Mutisia.
La leyenda sostiene que las almas de los jóvenes, protegidas por el Futa Chao en el mundo celestial, permanecieron unidas para siempre.
Y cada vez que la flor vuelve a desplegar sus pétalos naranjas, su presencia recuerda aquella historia de amor que sobrevivió a la violencia.
Una flor que también cuenta Neuquén
La declaración de la Mutisia como Flor Provincial le otorgó un reconocimiento institucional a un símbolo que ya formaba parte del paisaje y de la memoria cultural del territorio.
Su importancia excede lo ornamental.
Representa la riqueza de la flora neuquina y, al mismo tiempo, permite recuperar relatos vinculados con las culturas originarias que forman parte de la identidad provincial.
Por eso, cada 24 de agosto no se celebra solamente una flor.
Se celebra un símbolo de Neuquén.
Una especie que crece, trepa y se abraza a los árboles como si su propia forma contara la historia que la tradición le atribuye.
🌺 La Mutisia nació, según la leyenda, de una tragedia. Pero terminó convirtiéndose en un símbolo de amor, memoria y unión.
Y quizás allí reside la fuerza de esta flor: recordarnos que incluso en los territorios atravesados por conflictos, la memoria también puede elegir qué conservar.













