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Geopolítica energética | Venezuela en la poscaptura de Maduro

Reactivar el petróleo venezolano tras el ataque de EE.UU. será un proceso largo, costoso y políticamente incierto

InternacionalesRedacciónRedacción

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La reactivación sostenida del flujo petrolero venezolano tras la ofensiva militar de Estados Unidos y la captura de Nicolás Maduro aparece hoy como un objetivo estratégico de alto impacto global, pero rodeado de profundas dificultades técnicas, financieras y políticas. Analistas internacionales coinciden en que el regreso pleno de Venezuela al mercado energético mundial demandará años de reconstrucción y decenas de miles de millones de dólares en inversión.

El presidente estadounidense Donald Trump manifestó su intención de que compañías petroleras norteamericanas vuelvan a operar en el país sudamericano, aprovechando las mayores reservas probadas de crudo del planeta. Según su visión, el ingreso de capital privado permitiría reparar una infraestructura petrolera severamente deteriorada y generar ingresos para la economía venezolana. Sin embargo, ese escenario enfrenta obstáculos estructurales que exceden la voluntad política de Washington.

Infraestructura colapsada y desconfianza empresarial
Especialistas del sector advierten que, incluso bajo condiciones políticas favorables, la recuperación de la industria petrolera y gasífera venezolana no será inmediata. Años de desinversión, sanciones internacionales, falta de mantenimiento y fuga de capital humano dejaron al sistema energético en un estado crítico.

Ali Moshiri, exresponsable de las operaciones de Chevron en Venezuela, sostuvo que un grupo reducido de empresas occidentales podría elevar la producción hasta unos 1,5 millones de barriles diarios en un plazo de 18 meses, siempre que se garantice estabilidad institucional. Ese aumento requeriría inversiones cercanas a los 7.000 millones de dólares, partiendo de un nivel actual estimado en torno al millón de barriles diarios. Aun así, Venezuela seguiría produciendo menos de la mitad de lo que bombeaba a fines de los años noventa.

Daniel Yergin, historiador de la energía y vicepresidente de S&P Global, remarcó que la clave del proceso será política: quién gobierne, con qué legitimidad y bajo qué reglas. En ese sentido, varios analistas comparan la situación con Irak tras la invasión de 2003, donde la recuperación petrolera llevó años pese al respaldo militar estadounidense.

Sanciones, licencias especiales y control del comercio
Actualmente, la industria petrolera venezolana continúa bajo severas sanciones impuestas por Estados Unidos, que incluyen restricciones al transporte marítimo y a la exportación de crudo. Estas medidas se mantendrán —según el secretario de Estado Marco Rubio— hasta que el nuevo escenario político en Caracas muestre cambios concretos alineados con los intereses estratégicos de Washington.

En este contexto, Chevron es la única empresa que ha logrado exportar petróleo de manera regular en las últimas semanas, gracias a una licencia exclusiva otorgada por el gobierno estadounidense. Esta autorización le permite enviar crudo a refinerías del Golfo de México, posicionándola como la compañía mejor ubicada para ampliar rápidamente su producción si se estabiliza la situación interna.

Otras firmas europeas, como la italiana Eni y la española Repsol, continúan produciendo gas natural en aguas venezolanas, aunque no pueden exportarlo debido a las sanciones vigentes. Shell, por su parte, había recibido una licencia preliminar para retomar proyectos offshore, pero las negociaciones quedaron suspendidas.

Viejas heridas y reclamos millonarios
Empresas como Exxon Mobil y ConocoPhillips abandonaron Venezuela tras las nacionalizaciones impulsadas por Hugo Chávez en 2007 y aún reclaman compensaciones multimillonarias por activos expropiados. Si bien el gobierno de Maduro había iniciado conversaciones para recomponer vínculos con algunas de estas compañías, la captura del exmandatario volvió a congelar cualquier negociación de fondo.

Tras los acontecimientos recientes, ConocoPhillips evitó especular sobre futuras inversiones, mientras que Chevron reafirmó que continúa operando bajo estricto cumplimiento de las leyes estadounidenses.

Una apuesta de alto riesgo
Para los mercados energéticos, Venezuela representa una oportunidad extraordinaria y, al mismo tiempo, un riesgo significativo. Los precios internacionales del petróleo, que cayeron más de un 20 % en el último año, reducen el atractivo de inversiones masivas en un entorno inestable.

“La única herramienta capaz de revertir la crisis económica venezolana es la inversión petrolera”, resumió Moshiri. Pero esa “bala de plata” depende de una condición central: el levantamiento de las sanciones y la consolidación de un poder político con control efectivo del territorio.

Por ahora, la reactivación del petróleo venezolano aparece más como una ambición geopolítica que como una realidad inmediata.