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La vieja usina de Zapala que terminó como refugio de amores furtivos

El sitio, del que se tejen innumerables historias de amantes, es restaurado para que funcione como tótem turístico.

Curiosidades Fabián Cares
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Basta con abrir el libro de la memoria de los pueblos para saber de lugares que se han transformado en leyendas con el paso del tiempo. Son sitios dueños de mitos urbanos que han trascendido las fronteras de todos los sentimientos y de todas las emociones de sus habitantes.

Es el caso de la pequeña fortaleza que se ubica al pie de la Ruta 40 a la salida de Zapala que lleva hacia los destinos cordilleranos del sur neuquino. Esa construcción se paró en el tiempo de los recuerdos como la “Casita Amarilla” Aún permanece estoicamente de pie y en su interior y en el predio que la envuelve se tejieron miles de historias que engrandecieron aún más su existencia. Hoy no es de nadie, pero es de todos.
 
Algunos registros oficiales antiguos, como así también de pobladores de antes, relatan que la construcción -que se caracterizó siempre por su color amarillo- tuvo como fin original servir de contención y de refugio para un transformador que recibía y distribuía la electricidad que, desde 1948, comenzó a producir la legendaria usina hidroeléctrica del paraje de Covunco Arriba, a unos 10 km del pueblo de Mariano Moreno.
Desde esta fortaleza, de unos 36m2 y unos 7 metros de alto, la energía eléctrica se distribuía a toda la guarnición del Ejército de Zapala y al hospital local. La misma historia oficial establece que un 16 de septiembre de 1951, un grupo de vecinos de la ciudad fundó la Cooperativa de Luz y Fuerza de Zapala, justamente para mejorar la prestación del servicio eléctrico con mejor calidad y de manera solidaria. Por esta misma razón se desconoce cuánto tiempo habrán convivido ambos sistemas. No hay registros, hasta ahora, que puedan testimoniar esa situación.
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La casita amarilla tiene 75 o apenas un poquito más de años ya que es un eslabón de las líneas eléctricas que construyó la Dirección General de Ingenieros del Ejército Argentino bajo la dependencia del Ministerio de Guerra de la Nación en la década del ’40 del siglo pasado para proveer del suministro a las zonas de Covunco Centro y Zapala, donde se encontraban (y se encuentran) estratégicamente ubicados los cuarteles militares.

Pasaron los años y la obra dejó de cumplir la función y el rol por la cual había sido construida. A partir de ese abandono y al amparo de su soledad se fue escribiendo de a poco otra historia vinculada a los amores clandestinos. Fue una de las tantas “villas cariño” que hubo antaño en la ciudad de los vientos.

En todos los pueblos hubo lugares que históricamente fueron conocidos popularmente como las “villa cariño”, a las cuales después el progreso les fue ganando y se fueron perdiendo. Las ruinas de entonces o sus alrededores se transformaron en sinónimo de amores clandestinos de épocas pasadas en esta ciudad del centro neuquino. Algunos vecinos de edad cuentan que antes todo el mundo hablaba de la “casita amarilla”. Era el lugar elegido o el rincón ideal para los amantes del pueblo. Allí las parejas se iban a prodigar amores mutuos. Era un especie de “hotel del amor” de mil estrellas al costado de la ruta y en ese momento uno de los lugares más alejados pero, a la vez, más cerca de Zapala.

Cuentan los memoriosos que atrás de la casita y a mano derecha había una huella que llevaba a un terraplén donde había varios caños.

“La cosa era así, llevabas a tu amor oficial o a tu amor “a escondidas” a la casita amarilla o a los caños que estaban atrás”, recordaron. Tampoco nunca faltaron aquellos que revelaron los secretos y algunos amores furtivos fueron descubiertos. En este sitio se tejieron y se destejieron miles de historias de amor. Sin embargo, a nadie se les pudo quitar lo allí vivido. Forma sin dudas parte del baúl de los recuerdos de muchos.

Lamentablemente la casita tuvo otras historias ligadas al descontrol y a la desidia. Por muchos años fue el espacio para arrojar indiscriminadamente todo tipo de basura. Fue también una “taberna a campo abierto” para despuntar el vicio con las bebidas alcohólicas o fue un alojamiento obligado para algunos vecinos en situación de calle.

Un tótem histórico y turístico
Las autoridades municipales, encabezadas por el intendente Carlos Koopmann, meses atrás iniciaron un camino de recuperación y restauración del emblemático edificio. Como un resarcimiento histórico se lo volvió a “vestir” con su clásico color amarillo. Sin embargo en tiempos de la última campaña electoral el edificio fue blanco de pintadas políticas. Es así que se lo volvió a intervenir y se lo dejó reluciente una vez más. “El trabajo de pintura fue realizado por cuadrillas de monotributistas del municipio. Es un edificio histórico de la ciudad, por lo tanto le corresponde al municipio mantener el patrimonio en buen estado”, explicó el jefe comunal. Adelantó además que “se le va a agregar el escudo de la ciudad con la leyenda Municipalidad de Zapala y también se está trabajando en recuperar toda su historia para armar una reseña para su difusión y divulgación en los medios y en las escuelas primarias y secundarias”.

 
Consultado sobre la importancia y relevancia que tiene la Casita Amarilla en el contexto de la ciudad, respondió que “hay que ocuparse y cuidar cada uno de nuestros patrimonios sea cual sea, quizás a muchos les parezca insignificante pero son parte del recuerdo colectivo y de la historia e identidad de nuestra ciudad”.

Con estos trabajos se busca jerarquizar este punto de la ciudad como un tótem histórico y de referencia turística. Parados de frente al edificio a la izquierda y hacia el horizonte se divisa el Cerro Cansino, El Atravesado y la Cordillera del Chachil y hacia el fondo por un camino lateral, entre otras, se llega a la conocida Laguna del Toro y a la Colonia

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